martes, 1 de febrero de 2011


CAFÉ PARTY
     Ellos y ellas los tienen caro. Cuando digo ellos y ellas me refiero a la Gran Banca, al monopolio empresarial  y a los vocales políticos de la Derecha visible y de la invisible que a día de hoy se camuflan en partidos de iniciativas antipartidos (paradoja sustancial). Su reideologización pasa como han afirmado recientemente Esperanza Aguirre y el defenestrado presidente de la CEOE por: 1. Menos impuestos directos para los que más tienen y más indirectos para el resto de la mayoría. 2. Estado mínimo, es decir, menos intervención pública en educación, sanidad y ámbito social; y estado máximo, es decir, más intervención para rescatar a la gran Banca de sus despilfarros y especulaciones. Y 3. Menos salarios y más horas de trabajo para todos los trabajadores y más salarios y menos horas de trabajo para los grandes ejecutivos y especuladores.
     Este es el recetario de la derecha visible. Y de los partidos nini  que buscan el poder insaciablemente.  Mientras la Derecha invisible, es decir el PSOE hace suyo el recetario de la derecha visible y borra de un plumazo el estado de bienestar y apuntala un modelo meramente Desarrollista sin orientación ni rumbo social, sino exclusivamente orientado hacia el beneficio rápido de los mismos que crearon la crisis: véase Plan Moderna en Navarra. Entretanto la Derecha visible se frota las manos   y va tomando posiciones para un asalto al poder, aunque a ojos de todos ya lo están ocupando  con Zapatero. Hasta tal  punto está el estado de cosas que la jerarquía eclesiástica hace balance y le salen las cuentas terrenales porque las divinas hace tiempo que las invirtieron en la banca vaticana. Y mientras tanto la izquierda real, alejada de los púlpitos de los medios de comunicación y amordazada por una ley electoral antidemocrática, luego hablan de cuba, Venezuela etc.., intenta contra viento y marea que sus propuestas lleguen a los rincones de la ciudadanía. David contra Goliat. El boca a boca contra la industria de sus opiniones.  Esta es su democracia, la nuestra parece que  no. Porque la nuestra pasa por la participación popular y por una democratización real de la economía y la sociedad. Es decir una República social, Federal y Laica. 

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